Oscar Müller Creel

  • Oscar Müller Creel
    Oscar Müller es Doctor en Derecho y tiene el grado de Maestro en Administración de Justicia y candidato a maestro en periodismo. Es originario de la ciudad de Chihuahua, México. Es colaborador en Radio Claret América de  Chicago Illinois, en temas de Derechos Humanos y Administración de Justicia y sus columnas de opinión se han publicado en el periódico Hoy del grupo Tribune Publishing Company de Chicago Illinois EUA, la cadena noticiosa Hispanic Digital Network de CISION, así como en el Heraldo de Chihuahua del grupo Organización Editorial Mexicana. Ha escrito libros sobre Derechos Humanos y Ética del Abogado, así como artículos científicos en Universidades de México, Colombia y España. Correo: [email protected]
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Cuando Irlanda peleó por México

Los rascacielos de Chicago, son famosos por su arquitectura modernista y el paso que entre ellos realiza el Río Chicago, de cerca de 30 metros de anchura, se mezcla con el paisaje y da la impresión de que se está observando una extraña fusión entre la obra del hombre y la magnificencia de la naturaleza. Este 17 de marzo un extraño fenómeno se verá en ese paisaje, pues el color de las aguas del rio cambiaran y se tornarán color verde, se vierte en él un tinte biodegradable que permite ese fenómeno que se hace en honor a la comunidad irlandesa de esa ciudad, festejando el día de San Patricio, patrono de ese país. Quizá mi estimado lector hispano vea a los anglosajones de origen irlandés como a cualquier otro, pero hay una gran diferencia, cuando estos llegaron al territorio de Norteamérica, fueron discriminados por los descendientes de los colonos originales y tuvieron que pasar varias generaciones para que fueran llegando a los niveles sociales superiores. La historia que aquí les cuento, se basa totalmente en hechos históricos que marcaron un parteaguas en las relaciones entre México y Estados Unidos y cuya base fue la discriminación y la intolerancia religiosa. John O’Riley había nacido en una población pesquera de Irlanda e inmigrado al territorio de Texas, cuando está todavía pertenecía a México, fue uno de los muchos anglosajones que llegaron a ese territorio en los años veinte de la décimo novena centuria, se enlistó en las tropas de milicianos que ahí se estaban formando para buscar su independencia del país del sur. En el ejército norteamericano existía un clima de discriminación hacia los soldados católicos y la mayoría de los irlandeses lo eran, esa discriminación se traducía en maltratos como encarcelamiento, azotes, privación de alimentos y guardias exageradas; pero uno de los hechos más degradantes es que en cualquier batalla, a los católicos se les utilizaba como “carne de cañón”, es decir eran enviados a los sitios más peligrosos y en donde las bajas serian muchas con el único objeto de distraer al fuego enemigo. En 1845 los soldados irlandeses que pertenecían a la milicia texana, debieron haber visto con temor la anexión de Texas a la Unión Americana, pues esto les hacía pertenecer ahora al ejercito de ese país, y si como milicianos de Texas eran minoría y discriminados, como parte del ejército norteamericano esta situación se agravaba. Al siguiente año se presentan dos sucesos de importancia: En abril un grupo de soldados católicos, en su mayoría irlandeses, aunque no faltaban otros de orígenes alemán, polaco e inglés, escaparon del acuartelamiento en Texas y se pasaron a territorio mexicano donde se enlistaron en el ejército de este País. El otro suceso de importancia se presentó el 13 de mayo, pues a instancia del presidente Polk, el Congreso Norteamericano, en una decisión dividida apoyada en su mayor parte por los representantes de los partidos sureños, decidió declarar la guerra a México, lo que dio inicio al conflicto bélico más injusto y desigual en que haya intervenido dicho país. El ejército norteamericano inició la invasión de México y en la batalla de Monterrey fue grande la sorpresa de sus generales al encontrarse con un regimiento de anglos que luchaban fieramente al lado de los mexicanos, con gran acierto en las baterías de cañones; la batalla no duró mucho y el ejército mexicano tuvo que retirarse de sus posiciones, trasladándose hacia el sur. Ese regimiento de anglos se conformaba por los hombres que habían abandonado Texas un mes antes y tuvo un efecto especial, muchos soldados católicos que militaban con el ejército norteamericano y que igualmente eran discriminados por motivo de su religión, empezaron a desertar y pasarse a las filas mexicanas con lo que se conformó el que se conoce como Batallón de San Patricio, en honor al santo patrono de los católicos irlandeses; su comandante fue John O’Riley quien fue enlistado como Juan Reley. Estados Unidos invadió a México por tierra y mar, en este último caso llegó un contingente muy fuerte al puerto de Veracruz, desde donde avanzó a la capital mexicana, en cuyas entradas se liberaron duras batallas, destacando la del convento de Churubusco un fuerte edificio de piedra que tenía como defensa un rio cuyo puente fue defendido por el Batallón de San patricio, los soldados irlandeses pelearon hasta el final sin rendirse, muchos de ellos murieron, pero otros fueron hechos presos. Cuando el general Twiggs comandante de las tropas americanas que conquistaron Churubusco le preguntó al general defensor Anaya, donde estaba el parque, pólvora y municiones, este le contestó: -si hubiera parque no estarían ustedes aquí-. El 13 de septiembre de 1847, los detenidos fueron llevados hacía Chapultepec en donde se encontraba el último reducto de resistencia del ejercito de México, en un acto de crueldad del general Winfield Scott, a aquellos prisioneros del Batallón de San Patricio que habían desertado durante la guerra, les colocó en el patíbulo viendo hacia el Castillo de Chapultepec y en cuanto se izó la bandera de barras y estrellas, les ahorcó. De aquellos irlandeses que lucharon por México una buena parte murieron valientemente, otros pudieron huir y otros fueron hechos prisioneros, a estos México les protegió, en las negociaciones de paz, el bienestar y la libertad de los prisioneros siempre fueron temas en la mesa, motivo por el cual cuando las tropas norteamericanas se retiraron del país invadido, los soldados irlandeses se reincorporaron al Batallón de San Patricio, que fue disuelto hasta el año 1850. Del destino de estos valientes poco se sabe, pero se especula que muchos de ellos se quedaron en territorio mexicano y formaron familias; por lo que se refiere a John O’Riley, en 1999 el historiador John Ryal Miller, logró descubrir un acta de defunción a nombre de Juan Reley quien murió en el puerto de Veracruz y fue sepultado en el cementerio anexo a la Parroquia de Nuestra Señora de la Asunción, de dicha población. En la plaza de San Jacinto en la ciudad de México se celebra una ceremonia para honrar al batallón de San Patricio los días doce de septiembre y lo mismo se hace en Clifden Irlanda, en donde se ondea la bandera mexicana en recuerdo de sus valientes hijos. La historia del Batallón de San Patricio, es de tristeza pues la discriminación llevó a muchos hombres que habían emigrado al país que proclamaba la igualdad y la libertad, a deshacer sus lealtades por el odio que hacia ellos se tenía. La misma discriminación y odio que veinte años después llevó a ese país a una guerra interna que termino con la muerte de millones de sus hermanos y que cien años después permitió que cobardes asesinos mataran a mansalva a los defensores de los Derechos Civiles. La misma discriminación y odio que fue la base del discurso de quien, durante los últimos cuatro años dirigió los destinos de Estados Unidos, y que ahora, al parecer como un contrapeso, tiene un presidente católico y de ascendencia irlandesa.