Oscar Müller Creel

  • Oscar Müller Creel
    Oscar Müller es Doctor en Derecho y tiene el grado de Maestro en Administración de Justicia y candidato a maestro en periodismo. Es originario de la ciudad de Chihuahua, México. Es colaborador en Radio Claret América de  Chicago Illinois, en temas de Derechos Humanos y Administración de Justicia y sus columnas de opinión se han publicado en el periódico Hoy del grupo Tribune Publishing Company de Chicago Illinois EUA, la cadena noticiosa Hispanic Digital Network de CISION, así como en el Heraldo de Chihuahua del grupo Organización Editorial Mexicana. Ha escrito libros sobre Derechos Humanos y Ética del Abogado, así como artículos científicos en Universidades de México, Colombia y España. Correo: [email protected]
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El trabajo les hace libres

Arbeit macht frei rezaba la frase que los prisioneros podían ver a la entrada del campo de concentración creado por los nazis en Aschwitz, Polonia en 1940. Se calcula que más de 1,400,000 personas fueron llevadas a ese complejo y solo 200,000 de ellas sobrevivieron, las cifras no se conoce con exactitud porque en la tercer semana de enero de 1945, las tropas soviéticas habían penetrado en los territorios ocupados por los nazis en Polonia y mucho de los guardias de aquel complejo de reclusión lo abandonaron y los prisioneros se vieron en libertad de abandonar las instalaciones, este 27 de enero se cumplieron 76 años de ese acontecimiento. Los horrores de lo que ahí y en otros muchos lugares, tanto dentro del territorio alemán, como en los ocupados por ese país durante la Segunda Guerra, como los exterminios de Stalin en la Unión soviética o décadas antes el de los Kurdos por el gobierno Turco, deben ser una lección para todos nosotros y en el país germano, en la actualidad, en los cursos de historia se enseña sobre el holocausto y el daño que causó. El profesor Wolf Kaiser, Director Adjunto de la Casa de la Conferencia de Wannsee, ha dedicado décadas al estudio de la enseñanza sobre el holocausto en la Alemania Nazi, refiere que estos hechos son un trauma colectivo, no solo para los judíos, sin también para el pueblo alemán y que durante las primeras décadas que siguieron al genocidio, los alemanes culparon de esto al régimen emanado de Adolfo Hitler y la estructura que él creó para esa extinción masiva. En la Alemania actual existe la convicción que lo sucedido en el holocausto debe enseñarse para que el pueblo alemán, sea consciente de su pasado y evite repetir los errores en el futuro, aunque para los maestros de historia, sea tal vez la parte más difícil del proceso de enseñanza, pues deben lograr que el alumno desarrolle una autorreflexión y compromiso y no un complejo de culpa. El estudio se lleva desde el análisis de las causas que llevaron a tomar el poder al Partido Nacionalsocialista y el apoyo de la sociedad alemana a ese liderazgo, así como a las consecuencias de este, como lo fue la muerte de millones de personas que fueron consideradas enemigas del Estado. En la enseñanza de esta etapa de la historia de Alemania, se propone resaltar la valentía de aquellos ciudadanos de ese país que se atrevieron a enfrentar al régimen y ayudaron a muchos judíos a encontrar la libertad. Se busca evitar que los jóvenes tengan empatía hacia los grupos que llevaron a cabo esas injusticias. Todas las civilizaciones tienen algo de que avergonzarse; México, por ejemplo, tiene una larga historia de discriminación y segregación de los pueblos indígenas, la que continúa y me pregunto ¿cual es la visión que tiene la educación en Estados Unidos sobre dos aspectos de su historia: ¿La extinción de los pueblos autóctonos y la esclavitud de los afroamericanos? La editorial MacGraw Hill Educations, en un libro de texto utilizado en las escuelas de Estados Unidos, fue duramente criticada por mencionar: “la trata de esclavos a través del Atlántico entre los años 1500 y 1800 llevó a millones de trabajadores desde África al sur de los Estados Unidos para trabajar en las plantaciones agrícolas”. Un texto que lleva a evidentes confusiones, pues la noción de trabajador implica la libertad de decidir sobre la propia fuerza laboral. En otros libros de la misma editorial se ha alterado la historia al representar a la esclavitud como una causa sesgada de la Guerra Civil y se ha criticado la vestimenta de las mujeres musulmanas. Por su parte, un libro del Departamento de Educación del Gobierno Federal Norteamericano, que pretende ayudar a los padres a enseñar historia a los hijos, hace mención sobre la esclavitud solo una vez, recomendando que a los menores se les presenten imágenes de grupos, como los abolicionistas que se opusieron a la esclavitud antes de la Guerra Civil o de quienes participaron en el movimiento de Derechos Civiles de los años 1950 y 1960. En otro trabajo referente a las asignaturas, se menciona cómo los estudiantes deben identificar frases de Abraham Lincoln referentes a la esclavitud y como esta fue una de las causas de la Guerra Civil y bajo esta temática, las luchas por los Derechos Civiles de los grupos de latinos, es olvidada o tratada en forma muy superficial. Quizá una política de concientización sobre los errores del pasado, como la que se lleva en Alemania, pudiera ayudar a formar un pueblo más solidario y reducir los estallidos de odio racial y xenofobia que hoy brotan a lo largo y ancho de ese país norteamericano. Creo que la respuesta a esa pregunta la podemos encontrar en el libro “La mitad nunca se ha dicho” de Edward Baptist, que explica con meridiana claridad como el actual capitalismo norteamericano tiene su origen en la esclavitud de los africanos que fueron trasladados durante ocho décadas a los Estados Unidos para ser explotados de forma cruel y salvaje, en aras de una economía agricola que, para su progreso, requería de esa mano de obra gratuita que fue utilizada para la producción del algodón, de la cual se benefició también el norte, permitiéndose la creación de industrias cuyo financiamiento se debía a la riqueza que surgía de la sangre derramada por el látigo, las mutilaciones o las lagrimas de los padres que veían partir a su hijos vendidos como objetos. El horror de la esclavitud y los beneficios económicos que esta trajo a esa nación, son una parte fundamental de su historia, pero que se deja a un lado, solo se enseña de paso, como algo accidental y no fundamental, como lo fue. El día que en los Estados Unidos se empiece a concientizar de su verdadera historia que lleve a la juventud norteamericana a reflexionar sobre el daño que sus antepasados crearon y buscar la forma que algo así no se repita, será cuando surja una nación más justa e igualitaria.